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Prénatal

¿Qué es el embarazo postérmino?

Tercer trimestre

Aunque se considera que un embarazo a término es aquel que está entre las semanas 37 y 42, en realidad este dato no es más que una referencia. Por lo general, decimos que la mamá sale de cuentas cuando el bebé llega a la semana 40 de embarazo y no nace, pero, en realidad, oficialmente solo se considera postérmino después de la 42. Una vez pasada esa fecha, podemos hablar de un embarazo prolongado y decimos que el bebé es posmaduro.
Esta situación no es muy común y es preferible evitarla debido a los riesgos que un parto postérmino puede acarrear para la salud del recién nacido.

Cuando pasan las 40 semanas de embarazo, es bastante normal que la tensión empiece a aumentar: cuesta mirar hacia delante, la impaciencia va abriéndose paso y en el entorno familiar comienzan a surgir las primeras preguntas. Y es que todos están pensando lo mismo: ¡ya es hora de que nazca el bebé!
Por cierto, no creas que esto solo sucede en el primer embarazo: ¡el parto postérmino también puede ocurrir en el segundo!

¿Cuándo hablamos de embarazo prolongado?

Cuando se alcanza la semana 41 de embarazo, podemos empezar a hablar de un embarazo prolongado: llegados a este punto, muchos obstetras y ginecólogos empiezan a seguir más de cerca a la mamá.
Es recomendable informarse primero sobre los protocolos de los obstetras y los hospitales, ya que puede haber grandes diferencias según la región. Por lo general, cuando el bebé pasa las 41 semanas de embarazo y no nace, muchos profesionales aconsejan la rotura de membranas o de la bolsa de las aguas.
Es buena idea dedicar un tiempo a pensar si, dado el caso, la mamá quiere comenzar con el parto o esperar un poquito más, siempre que esto no suponga ningún riesgo para su salud o la del bebé.

¿Cuándo hablamos de parto postérmino?

Podemos hablar de un parto postérmino cuando se llega a las 42 semanas de embarazo. Normalmente, en este caso el parto tiene lugar en el hospital, aunque algunos obstetras acceden a llevarlo en casa, siempre que la salud del bebé lo permita.
Aunque el riesgo de complicaciones es mínimo, a medida que avanza el embarazo aumenta la posibilidad de que surjan problemas relacionados con una reducción de la función placentaria, una cantidad insuficiente de líquido amniótico o la presencia de restos de meconio en este último.
Pero una cosa es innegable: una vez que se alcanza este punto, ya no quedará mucho para que el bebé llegue al mundo.

¿Cuándo suele realizarse una intervención preventiva en caso de un embarazo prolongado?

La intervención preventiva para inducir el trabajo de parto tiene varias desventajas. Si se escoge esta opción, el bebé no tiene la oportunidad de completar el proceso de crecimiento y es posible que aún no haya adoptado la posición correcta para el parto. Esto también se aplica a la ruptura artificial de las membranas, ya que el bebé tiene menos capacidad para cambiar de posición debido a la ausencia de líquido amniótico.

¿Cuándo recurrir a la inducción del parto?

La inducción del parto es una posibilidad que hay que valorar de forma muy meditada con suficiente antelación. El riesgo de intervención médica aumenta considerablemente en el momento del parto postérmino. Por ejemplo, hay más probabilidad de que se tenga que realizar una cesárea. Cuando se lleva a cabo una inducción del parto, se administra a la embarazada un goteo de oxitocina y se le conecta a una serie de tubos, por lo que su libertad de movimiento queda mucho más limitada.

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